Un treintañero recién independizado entra en depresión al darse cuenta de que su mamá ya no le hará nunca más el bocata para el trabajo

El joven asegura que ni siquiera sabe dónde puede ir a comprar el pan

Julián, madrileño de 31 años, acaba de cumplir uno de sus sueños: independizarse e irse a vivir a un piso con su novia. Esto es algo que por desgracia no muchos de nuestros jóvenes pueden hacer hoy en día, pero él lo ha conseguido. Lo que no ha tenido en cuenta Julián es que la vida iba a ser tan diferente. Y es que el joven estaba acostumbrado a que su mamá le preparara el bocadillo de media mañana para el trabajo. Ese descanso tan necesario para poder seguir trabajando y aguantar hasta la hora de la comida.

La vida es cruel y el ingenuo Julián, al parecer, se llevó una hostia de realidad cuando ayer lunes se percató de que le faltaba algo. Era el primer día que acudía a trabajar desde que se mudó con su novia. Su sorpresa fue mayúscula cuando a las 11 de la mañana paró con sus compañeros para tomarse su bocadillo y se dio cuenta de que no tenía nada que llevarse a la boca.

“El pobre estuvo llorando el resto de la mañana, parecía que nada podía consolarlo. Nosotros le ofrecimos unas conchas de chocolate, pero las rechazó mientras se deshacía en lágrimas”, dijo una compañera de trabajo. Y es que la falta de su bocata de jamón y tomate hizo que Julián sintiera un gran vacío en el estómago y en el alma.

El resto de compañeros le dijeron que era ley de vida, que de ahora en adelante tendría que prepararse él mismo el bocadillo. Sin embargo, Julián alegó que lo que lo convertía en el mejor bocadillo del mundo era precisamente que no lo había hecho él, sino que lo había preparado la mano experta de su madre. Además, por lo que dijo, que lo preparar su pareja tampoco era una opción pues, según palabras textuales, “ella no sabe que a mí me gusta el bocadillo de jamón con rodajitas de tomatito, aceite y sal”

Sin embargo, parece que hay luz al final del túnel, pues la madre se ha ofrecido a pasarse todos los días por casa de Julián antes de ir al trabajo y así darle su bocadillo favorito. “Nadie hace los bocadillos como mi mamá”, nos ha comentado finalmente Julián por teléfono hace unas horas. Qué poco cuesta hacer feliz a los hijos…y a las madres…

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